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domingo, 25 de abril de 2010

Toda una vida en las Guásimas Colima

Por: Nalleli Patricia Falcón Álvarez

“Me llamo Ángela Ramírez, he vivido aquí casi toda mi vida, hasta que no me echen al pozo…yo creo que no falta mucho para que llegue ese día,ya tengo 79 años.”

Es un día soleado, con un calor agradable; sentada afuera de su casa, en compañía de su esposo se encuentra doña Ángela, a la espera de una sus nietas. Señora de estatura baja, de complexión rellenita, su rostro transmite tranquilidad e inspira confianza y ternura. Con escasa cabellera su cabeza la adorna con dos pequeñas trenzas que ahora son delgadas, pero que en su juventud estuvieron llenas de color y espesor.

Nació en un poblado ubicado al otro lado del río salado, pero años más tarde, ella y su familia cambiaron de lugar de residencia, “Mi papá nos trajo para acá, cuando llegamos no había nada, sólo había como seis o siete casas, y algunas ramaditas y casas de pasto; no había banquetas, las calles no estaban empedradas y todo estaba cubierto de tierra… No se llamaba Las Guásimas, se llamaba Las Borregas, dicen que porque antes vivía aquí un señor muy rico que tenía muchos borregos y vacas, pero cuando llegamos él ya no estaba aquí; y como la gente que se vino para acá la mayoría era del pueblo que estaba del otro lado del río el Salado y que se llamaba Las Guásimas, decidieron ponerle el mismo nombre.”

En este lugar doña Ángela conoció a Simón Ruelas Cerda, quién unos años más tarde se convertiría en su marido y en el padre de sus hijos, “Él andaba trabajando aquí, en el campo, sembrando y cosechando maíz. Lo conocí y nos hicimos novios, duramos así por dos años. Yo no me quería casar porque él era viudo y ya tenía familia, pero a fin de cuentas me casé con él.”

Con cuatro hijos de su marido y cinco que tuvieron juntos, doña Ángela comenta que fue algo difícil realizar todas las actividades que implicaba tener 9 hijos y atenderlos a todos, “Pues yo tenía mucha raza…cuatro ajenos y cinco míos y a todos cuidaba, la verdad no sé como le hacía… a diario molía el nixtamal para hacer tortillas, bajamos hasta la barranca por agua.”

Ya estando casada doña Ángela sufrió la pérdida de su padre, quien falleció, provocando que ella cayera en una depresión un tanto difícil de superar “Cuando se murió mi papá agarré el vicio de tomar y fumar, diario por la mañana me tomaba una cerveza y me fumaba un cigarro. Hasta que un día mi esposo me llevó con el doctor y éste me dijo que ya no anduviera tomando ni fumando porque eso me iba a afectar los pulmones, me dio medicina y me prohibió que tomara y fumara, diciéndome que si lo hacía me iba a morir… me acuerdo que los hijos de mi marido se burlaban de mi porque me sentaba a tomar y a fumar.” Platica con una sonrisa en su rostro, talvez avergonzándose un poco por lo que hizo aquellos años.

Otro episodio difícil por el que tuvo que atravesar y con el cual peligró su vida, fue cuando dio a luz a su primer hija, “De joven era yo muy trenzada, pero me dio una fiebre, disque la fiebre puerperal – también conocida como fiebre postparto, producida por una bacteria que ocasiona una infección en el aparato genital femenino después del parto – se me empezó a caer mi pelo. Cuando tuve a mi primer criatura, me enfermé, casi me moría… mi marido era el que cuidaba a la niña… me llevó al doctor y con mucha medicina me curé. Dicen que me dio porque antes de tener a la niña comí caldo de res y me enojé y eso fue lo que me hizo daño.”

De sus hijos ahora doña Ángela tiene nietos y nietas, pero al platicar de ellos no puede evitar que en su rostro se dibuje una expresión de tristeza y que su voz cambie de tono, “Tengo muchos nietos y nietas, pero como si no los tuviera, porque ni siquiera lo miran a uno, pasan y no saludan, como si no existiéramos. Yo no sé como hay nietos tan cariñosos, pero los míos no son así.”

A pesar de contar con parcelas de pitayas y nopales y otras de diferentes usos, debido a la salud de su esposo, ya no se pueden encargar directamente de ellas, y ahora es uno de sus hijos quien se hace cargo de ellas, “Ahorita vendo cosas que pido fiadas: cerveza, papitas, refrescos, dulces y cacahuates, me los dejan y a la semana vienen y les pago, de ahí saco aunque sea para comprar las tortillas.”

Su cuerpo ya denota cansancio, pero su rostro dice otra cosa, pues se puede ver que aún tiene fuerzas para seguir en este mundo que tanto le ha dado y a la vez le ha quitado y negado cosas, “Pues aquí seguimos, vivimos malos, aliviados, pero ahí andamos.”

Entrevista realizada en noviembre de 2007

domingo, 18 de abril de 2010

Hago historia por amor a Sayula: Federico Munguía

Por: Nalleli Patricia Falcón Álvarez

Don Federico Munguía Cárdenas es un hombre de grandes logros, transmite con su sola presencia seguridad ante lo que dice y hace. Es un hombre de edad avanzada pero con un acervo muy amplio, digno de ser comentado.

Sus inicios
Sentado en el patio de su casa ubicada en la calle Manuel Ávila Camacho de la ciudad de Sayula, Jalisco, este hombre que esconde su mirada detrás de unas grandes gafas, escucha atento las cuestiones que se le hacen y comienza a relatarnos, “yo comencé a hacer periodismo en el informador…como corresponsal del informador en 1942…tenia yo catorce años…fue gracias a mi tío el Sr. Conrado Sánchez".

Debido a la insistencia por parte de su tío, que le decía “que bonito saber algo sobre Sayula”, fue como Don Federico se dio a la tarea de investigar con las personas ancianas de Sayula sobre sus vivencias, fotografías y documentos antiguos. En 1963 empezó a escribir el libro La Provincia de Ávalos=.”Todos los miércoles me iba yo a la Biblioteca Pública del Estado en Guadalajara…a trabajar de 9 de la mañana a 9 de la noche, buscando en los libros, comencé a escribir y a escribir".
"Un día le pregunté a Don José Cornejo Velasco, un gran historiador: 'oiga maestro ¿para cuándo acabaré mi libro?' Él me cuestionó que cuántas cuartillas llevaba. En ese momento tenía doscientas cuarenta, por lo que me dijo: '¡ya párele amigo, ya párele! ¿quién va a leer ese libro tan grande? y ¿quién va a publicarlo? ¡No, ya párele!”.

El libro permaneció varios años guardado, hasta que lo mandó al concurso de Los Juegos Florales del Ayuntamiento de Guadalajara dentro de la categoría de Ensayo Histórico, en 1971, y ganó el primer lugar entre los cuarenta trabajos que estaban concursando.

Sobre este trabajo de historiador, dijo: "la cuestión de la historia lo hice por ¡PURO AMOR A SAYULA!, y yo creo que todos los que escribimos, los que hacemos historia, lo hacemos por amor, no importa lo económico, no importa nada. Y sigo haciendolo por amor a Sayula”.
Es impresionante como puedes aprender de una persona que su mayor pasión ha sido conocer la historia del lugar que lo vio nacer, crecer y lo vio desarrollarse como todo un periodista e historiador de calidad, es en realidad un verdadero orgullo del pueblo sayulense.

Con Juan Rulfo
En 1973 habló con el escritor Juan Rulfo, quien le dijo: "oiga maestro yo sé que está escribiendo una obra de esa región -Sayula- y quisiera saber cuando lo va a publicar. Mire el Departamento de Bellas Artes está haciendo labor editorial, ¿no le gustaría venir a Guadalajara?”, y fue así como dos años después se publicó su libro en el año de 1975, que desde entonces ha tenido tres ediciones (1975, 1988 y 2000) debido a la gran demanda entre los docentes. Y a fines de noviembre de este año se espera la aparición de la cuarta edición.
Pero Don Federico Munguía tiene otras obras en su haber, entre las que podemos mencionar: Memoria gráfica del carnaval de Sayula (1917-1969)(que fue su primer libro); Música y músicos sayulenses; Los Montenegro, una familia distinguida de Jalisco y Antecendentes y datos biográficos de Juan Rulfo.
Respecto a esta última obra Don Federico comenta que,”un día me invitaron a colaborar en una revista de nombre Ecos y el director me preguntó qué iba a mandarles. Le dije que tenía un artículo de Juan Rulfo y se los envié. Después se murió Juan Rulfo y un amigo que trabajaba con el director de la Unidad Editorial del Estado me dijo: '¿por qué no sacamos un librito sobre Juan Rulfo? Tráigamelo, yo lo publico’. Me puse a hacerlo y lo publicaron con mucho éxito”. Ésta era la única obra que hasta el momento se había escrito sobre la vida y obra del autor de El llano en llamas.
Con mucho orgullo, Don Federico comentó lo agradable que fue su realción con Juan Rulfo. "Le estoy muy agradecido, además, en generalm conmigo fue muy fino, muy buena gente".

En el periodismo
Debido a la necesidad de un periódico en Sayula y a la inquietud de Florentino Velasco un amigo de Don Federico, comenzó a elaborarse la idea de fundar un periódico. “El nombre yo se lo puse, Tzaulán significa Sayula en el idioma náhuatl. nos juntamos para elegir al director, pero en realidad yo era quien llevaba la batuta...”
“El Tzaulán es un periódico que vino a enseñar a la gente a comprar periódico, desde un principio tuvo mucha credibilidad dentro del auditorio”. Sin embargo, a Don Federico Munguía no le agrada el periodismo que se practica en Sayula. ”El periodismo de Sayula no me gusta, es un periodismo muy sucio, muy corriente. Al periodismo han entrado gente sin preparación, sobre todo en la cuestión de cultura. Es necesario que se capaciten, que lean, que hagan mejor labor porque es un compromiso con uno mismo. Además yo veo que no razonan, nada más atacan. No todos,hay buenos periodistas aunque un poco apasionados."
Munguía Cárdenas considera que el ejercicio del periodismo es "un magisterio que debemos llevar con seriedad. Somos los que damos la información, somos los que, de cierto modo, guiamos a la población. Pero los periodistas de hoy no lo entienden así.” Enfático, Don Federico agregó que se debe "tener espíritu, tener el deseo de hacer las cosas. Y tener criterio, si no tienes criterio vale más que no te metas, el criterio es el que te dice si entras y como entras".
AL pedirle un consejo para los jóvenes periodistas, el director del periódico El Tzaulán expresó: "El consejo que les daría es muy claro: ¡sean sinceros, no se vendan! No vendan su pluma a nadie, digan lo que sienten, no insulten, y apoyénse entre ustedes mismos".

Otras pasiones
El futbol ha sido pieza importante en su vida, ya que desde de pequeño lo practicaba a tal grado que en el año de 1941 invitó a sus amigos a fundar un Club infantil de futbol al que nombraron América (aclarando que no tiene nada que ver con el equipo mexicano sino más bien con el continente en sí), y en el año de 1945 cambio a su nombre a Juventud, el cual cuenta actualmente con una cancha propia con tribunas integradas.
“Para mi el futbol fue la mejor época de mi vida. Yo tenía trece años cuando fundamos el club Juventud mis amigos y yo." Además su pasión por el futbol se ve demostrada en su libro 50 años del futbol en Sayula en el que relata como fueron las prácticas de este deporte en los años de 1920 a 1970.

La familia
Al igual que cualquier trabajo que implique dedicación completa, es casi imposible que no se sacrifique la familia. Sin embargo, en ella, y sobre todo en su esposa ha encontrado un gran respaldo y apoyo. "Realmente yo les quite en un determinado tiempo, mucha atención. Nunca los dejé bien, pero mis historias las escribía en tiempo que era relativamente de mi familia”.

Otros proyectos
Como una persona responsable y apasionada por el trabajo que desempeña actualmente y que ha venido desarrollando los últimos 60 años de su vida, actualmente sigue a cargo de la dirección del periódico El Tzaulán y tiene pendientes tres libros más.
“Yo quiero antes de morirme…dejar otros dos o tres libros más. Tengo pendiente el de Los Hombres Ilustres de Sayula; tengo pendiente una historia mínima para los niños; tengo pendiente La Historia de la Música de Sayula... Cuando yo me muera, le digo aquí a mi gente, el que venga a meterle mano a mis archivos, se va a encontrar con muchas sorpresas. Pero la verdad no se que vaya a pasar con mis papeles. Si se pueden conservar, yo no quiero que salgan de Sayula", finalizó.

Entrevista publicada en el Suplemento Andante del periódico el Comentario de la Universidad de Colima el 10 de noviembre de 2006

sábado, 17 de abril de 2010

La diabetes no es una enfermedad, es un estilo de vida, Kathy

Por: Nalleli Patricia Falcón Álvarez

19 años, todo un mundo por descubrir y explorar; una vida que vivir, con grandes aspiraciones; alegría y amor por la vida, y por todas las cosas que ella te ofrece. Así es Kathy, una persona muy peculiar que se distingue por llenar de alegría cada espacio en el que se encuentra y a quien no le da miedo ser quien es; pero que desde hace seis años se ve enfrentada contra una prueba que aún no es capaz de controlar y a la que no vencerá jamás: la diabetes.

“Tengo diabetes mellitus tipo 1, juvenil. Tengo seis años con esta enfermedad, me di cuenta a los trece años, comencé a bajar de peso, tenía mucha sed, cansancio y estaba muy pálida, así que le dije a mi mamá como me sentía y ella decidió llevarme al doctor… allí me mandaron a hacer unos análisis y dijeron que padecía de eso, de diabetes… recuerdo que lloré, bueno no lloré… mmm… mi mamá fue la que lloró y ya después yo lloré… no me acuerdo porque, pero lloré… yo creo que no estaba muy conciente de lo que estaba pasando y como que aún no me cae el veinte”, comenta Kathy al momento que frunce el entrecejo y deja escapar una sonrisa un tanto nerviosa, talvez porque se sintió expuesta en un tema de suma delicadeza.

Las personas como ella que sufren de diabetes mellitus tipo 1 y son diagnosticados antes de los 19 años son insulinodependientes. Parece que hay un factor hereditario en el desarrollo de la diabetes. Alrededor de 2 de cada 3 diabéticos pertenecen a una familia con historia de diabetes. Aunque la genética es un factor importante, las características heredadas solas no son suficientes para producir la enfermedad, sin la influencia de otros factores que no son completamente conocidos. http://www.tuotromedico.com, consultada el 16 de septiembre de 2008 a las doce horas.

Kathy es procedente de una familia en la que se conocen varios casos de diabéticos, entre ellos uno muy cercano, su madre, quien hace cuatro años falleció de una complicación propia de la misma diabetes, Gastroparecia diabética. Y desde un principio ella ha estado familiarizada con el uso de la insulina, “Soy insulinodependiente, desde el principio… ésta (insulina) se mide por unidades; al principio me ponía 25 por la mañana y 10 por la tarde pero después me aumentaron; y ahora ya es combinada, me aplico 32 unidades de insulina de acción intermedia y 10 unidades de rápida, eso es por la mañana; y ya por la tarde me aplico 22 de insulina intermedia y 10 de insulina rápida…” “Lo que me harta es que cuando me tengo que inyectar a veces la aguja no me entra, me tengo que estar pique y pique y me deja mis moretes…”

La diabetes es una enfermedad crónica, pero Kathy no la ve así, o mejor dicho no le gusta llamarla así sino que la ve y quiere adoptarla como un estilo de vida que si bien la hace diferente a los demás, de igual manera la hace especial, “Lo que tengo no es una enfermedad, sino un estilo de vida diferente a los demás” dice con una seriedad que se ve reflejada en su mirada y en su tono de voz. Al igual que algunos jóvenes, lo que a ella le hace falta es la fuerza de voluntad para aceptar lo que sufre y seguir las indicaciones que le garantizan una vida mas larga y de mejor calidad. Ya en varias ocasiones ha intentado llevar una dieta, hacer ejercicio y mantener sus niveles de glucosa dentro de lo normal, pero no lo logra y vuelve a recaer, a pesar del apoyo incondicional que tiene por parte de su padre, “No sigo las indicaciones que me da mi doctor, me es muy difícil porque no falta que ya se me antojo que el dulcecito, que las papitas y todas esas cosas, además me da mucha flojera el ir a hacer ejercicio.”

Como dice el dicho después de ahogado el niño, se quiere tapar el pozo, y eso es lo que le pasó hace unos meses a Kathy, que vivió un episodio desagradable y doloroso, “No voy al doctor constantemente, la última vez fue hace dos meses y no porque haya tenido cita sino porque tuve una recaída muy fea, me empecé a sentir cansada, me dolía la cabeza y le dije a mi hermano que me sentía mal y me fui al Centro de Salud. Me dijeron que traía 300 de azúcar y que me tenían que poner suero y tenerme en observación por unas horas. Ahí me quedé. La insulina no me la pusieron de manera subcutánea sino ya directamente en la vena; además de una inyección en la pompi y el suero. Salí de ahí con un nivel de 120 que se encuentra dentro de lo normal.

La diabetes se ha convertido en una enfermedad que está de moda por así decirlo, y es que en los últimos años según la Organización Mundial de la Salud, el número de diagnosticados ha aumentado considerablemente, actualmente se tiene la cifra de 246 millones de personas en el mundo con este padecimiento y se espera que para el 2025 sean alrededor de 333 millones de personas. En México se conoce la cifra de doce millones de diabéticos dentro de una población de más de 110 millones de personas, pero de estos doce millones, dos millones aún no sabe que la padecen.

Muchas veces la falta de información y de recursos económicos son los causantes de que personas con diabetes no se atiendan y que las complicaciones propias de este padecimiento logren vencerlos en la carrera de la vida. En el caso de Kathy, ella conoce las consecuencias de las que puede ser victima, ya que uno de los doctores que la han atendido se lo ha dicho y de manera directa, “Los doctores me regañan porque no sigo las indicaciones al pie de la letra y me dicen que si sigo así mi vida es contada. Por ejemplo me dicen que de seguir igual, en 10 años existe la probabilidad de que tenga problemas graves con mis riñones o que me tengan que amputar un pie, un dedo, una mano o algo así por el estilo…. A veces sí me preocupo, me asusta el que me hayan dicho que en 10 años me puedo morir, he llorado. Sé que no con llorar se solucionan las cosas… y es por eso que me asuste la vez que fui al hospital y que traía mis niveles de azúcar altos, porque nunca me había pasado eso y empecé a cuidarme. Lo que me hace falta es fuerza de voluntad” comenta con una sonrisa, a la espera de la aprobación de sus declaraciones.

El descubrir que por tu sangre corre demasiada azúcar puede ser muy dulce y al mismo tiempo muy amargo si no se tiene cuidado. La diabetes la enfermedad más dulce que existe pero que ha dejado en muchas familias ausencias lamentables.

* Imagen tomada de www.ladiabeteria.com

sábado, 27 de marzo de 2010

¿El mejor amigo del hombre?

Por: Nalleli Patricia Falcón Álvarez

Vagar a diario por las calles solitarias de la ciudad se había convertido en una rutina ya. Después de haber sido arrojado a la calle, no conocía otro hogar más que una banqueta al lado de una tienda de abarrotes; ahora se encontraba a merced del tránsito diario de los carros, del frío propio de los meses de noviembre y diciembre y de la maldad de algunos individuos que buscan algo para divertirse molestándolo.

No conocía hasta ese momento el significado de lo que era tener un hogar y formar parte de una familia. Dormir en donde lo alcanzaba la noche, comer si alguien se apiadaba y le regalaba algunas sobras o incluso recurrir a roer la basura que encontraba a su paso, estas actividades se habían convertido en su rutina diaria. Siempre estaba sucio hasta el último rincón del cuerpo, ocasionando el repudio y rechazo de los que al pasar lo veían.

Se ha dicho a lo largo de la historia que el perro es el mejor amigo del hombre, tal afirmación en la actualidad, no es tan acertado decirla, puesto que ahora estas pequeñas creaciones de la naturaleza son las mayores víctimas de maltrato, las toman como objetos, las usan para diversión y entretenimiento. Dejaron de ser el compañero incondicional e incambiable, para pasar a ser el juego de muchos, no de todos, pero sí de una mayoría que bien es cierto esta pobre en cultura de conservación y respeto de los derechos de estos animalitos, que aunque muchos no lo crean también tienen derechos y es tiempo de empezar a trabajar en el respeto de esos derechos.

Es agradable ver como un pequeño cachorro llega a ser adoptado, por una familia, durante varios meses todo parece ser miel sobre hojuelas, le festejan hasta la más mínima gracia, esto mientras no crece y empieza a hacer verdaderos destrozos en la casa y cuando esto sucede, el animal pasa de ser la adoración de toda la familia a ser el mayor fastidio. Todo lo anterior es culpa de los mismos dueños que no educaron como debería ser a su mascota.

Después de varias semanas de sufrir frío, hambre y malos tratos, el amiguito del que hablo líneas atrás, encontró una familia que lo adoptó y ha tratado brindarle todos los cuidados necesarios.

Al momento que decide llevárselo, lo revisa y descubre que este animalito ha sido víctima de muchos maltratos, con marcas por todo el cuerpo. La que más le sobresale le atraviesa el cuello entero, consecuencia de haber estado amarrado por días enteros con un alambre.

Este caso es uno de los muchos que a diario se dan no sólo en los pueblos pequeños, sino en el mundo entero y esta historia es algo pequeño, porque existen historias de gravedad que deberían ser denunciadas y en las cuales las autoridades deben tomar parte y no dejarlo sólo en iniciativas.

Sería bueno para la sociedad mexicana que empezáramos a tomar consciencia de la existencia de estos animalitos y de todo lo que implica adquirir uno. No sólo se está adquiriendo una mascota, sino que trae incluido un paquete completo de responsabilidades; responsabilidades que, se demuestra en muchos de los casos, no se pueden cumplir.

Es ante a lo anterior que me vienen a la mente las siguientes preguntas: en verdad ¿sigue siendo el perro el mejor amigo del hombre?, o ¿es ahora sólo la diversión de unos cuántos?, cada quién es libre de formular su propia idea y analizar las cuestiones mencionadas.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La danza del Tepeyac, 30 años de cultura popular en Sayula, Jalisco

Por: Nalleli Patricia Falcón Álvarez


Hace ya más de cincuenta años que don Simón comparte su vida con su esposa doña María, con quién durante los primeros años de matrimonio vivió en una casa ubicada sobre la colonia la Ascensión en la ciudad de Sayula, Jalisco. Posteriormente se trasladaron a vivir en el fraccionamiento las pilitas, que con el tiempo cambio su nombre a colonia el Tepeyac. Habían adquirido un terreno en el que comenzaron a fincar lo que ahora es el hogar en el que terminaron de criar a sus hijos y ahora continúan siguiendo los pasos de sus nietos y de algunos bisnietos ya.

En Sayula es tradición ya desde hace muchos años que se organicen grupos de personas y formen las llamadas danzas sonajeras, con motivo de irle a danzar a la Virgen de Guadalupe en el novenario que se le dedica.

Con varios años viviendo ya en su nuevo hogar y a sabiendas de que por aquellos tiempos sólo existían algunas danzas, don Simón le comentó a su esposa y a sus hijos que deseaba organizar una danza, “Les dije a mis muchachos saben que… quiero sacar una danza, ¿me ayudan?... y pues tenía unos hijos en Estados Unidos y ellos me apoyaron económicamente”. “Antes sólo me iba a las mañanitas como a las tres de la mañana y veía a las danzas y decía mira nomás que bonito se ve, algún día tendré yo la mía,… y pues se me hizo”.

Las elementos principales de una danza son: contar con piteros, sonajas, trajes y por supuesto los danzantes. Los piteros son las personas de crear la música, con un pequeño tambor y una flauta hecha de carrizo para que seguidos por el sonido de las sonajas, los danzantes hagan sus rutinas con diferentes pasos; en los que se ven involucrados saltos, vueltas y demás movimientos. Las sonajas están hechas de madera y cuenta con tres orificios, normalmente, en los cuales se colocan rondanas y ruedas de aluminio, para que al momento de que los danzantes las muevan suenen; dicho movimiento implica buen manejo de la muñeca del brazo, ya que puede resultar cansado tan sólo cargar la sonaja para quienes no están acostumbrados.

Cada año se acostumbra utilizar un nuevo traje, algunas danzas no salen de lo acostumbrado; huaraches, capa, pantaloncillo corto, corona hecha con muchos colores y brillos; otras suelen innovar y sacan modelos muy novedosos y atractivos, pero eso sí, en ellos nunca puede faltar la imagen de la Virgen de Guadalupe. Y los danzantes, son la pieza más importante en este tipo de actividades, se necesita que estén llenos de fuerzas para poder aguantar la larga jornada de la noche del día once de diciembre y todo el día doce, hasta que se finalizan con la tradicional despedida, ya alrededor de las nueve de la noche.

La danza sonajera "el Tepeyac", a través de los años ha ido adquiriendo fama, hasta que el día de hoy es una de las favoritas del pueblo sayulense. Años atrás el número de danzantes con los que contaba era muy bajo, no llegaban a más de 50 integrantes, pero hoy son cincuenta, sí pero los que ensayan a diario y en total la cifra ha incrementado. “Este año, el primer día de ensayo, me llegaron como unos cuarenta, cincuenta, pero más mujeres que hombres, tanta mujer que hay el día de hoy. Además ahora se nos ha unido gente de otros barrios, que quieren brincar: pues vénganse y brínquenle, aquí no se le niega el ingreso a nadie, lo que cuenta son las ganas que tengan para danzarle a la Virgencita”, agregó don Simón.

El ser fundador de una danza sonajera y organizar cada año a un grupo de personas para ir a danzar, no es cosa fácil, se requiere de liderazgo y poder de mando, además de recursos económicos, que en ocasiones sobrepasan los presupuestos que se tenían destinados para ello. “Los gastos son pesados, al año fácilmente me gasto como diez mil pesos de mi bolsa, y lo demás pues me lo mandan mis hijos de Los Ángeles”.

Dos de sus hijos, Carlos y Francisco son los que más le ayudan estando aquí, puesto que le ayuda en la organización de la gente y de los lugares a los que van a ir a danzar, además son los que fungen como piteros, “Mira los piteros vienen cobrando diez mil pesos cada uno y mínimo se necesitan dos para que la música se pueda escuchar fácilmente; y pues yo les doy cinco mil pesos para los dos. Esto no es un negocio, se hace por gusto.”

Después de la danzar por dos días, don Simón les organiza una fiesta a sus danzantes, en la que hay comida, bebida y música para bailar, si es que les quedaron ganas; cabe señalar que los gastos de la fiesta corren por cuenta de él, ya que a diferencia de otras danzas, no se pide cooperación de ningún tipo, más que asistir y disfrutar que pudieron cumplir un año más hacia con la Virgen del tepeyac.

A más de 30 años ininterrumpidos de salir danzando, la danza sonajera El tepeyac, es motivo de orgullo y satisfacción de don Simón “Comenzó por gusto y ha seguido así por más de 30 años. Inició como un gusto mío y ahora no puedo dejarla, es como un vicio pero de los buenos. Me desespero porque ya no puedo andar como antes y pues uno debe andar con los danzantes para todos lados, estos pies que me duelen tanto a veces no me dejan; pero yo le dije a mi Virgencita, si me quitas estas dolencias, yo le sigo. Y pues es bonito llegar al altar y mirarla, después de una larga noche y un pesado día de danzar”, comentó don Simón.

La salud de don Simón se ha visto deteriorada a causa de la diabetes, enfermedad que sufre hace ya varios años, lo que le impide tener las mismas fuerzas que años atrás, “A veces digo, no este año ya no va haber danza, pues ya no puedo caminar y el chiste es que yo también ande ahí con mi danza, y estoy decidido a ya no organizar nada, pero se llega el mes de octubre y cambio de parecer y heme aquí, este año ya está todo listo para festejar a la Virgen morena.” Finalizó don Simón con algo de nostalgia en su voz y perdido tal vez en sus recuerdos.

Entrevista publicada en el Suplemento Andante dentro del periódico el Comentario el 1 de febrero de 2008



miércoles, 10 de marzo de 2010

A casi un siglo de vida

Por: Nalleli Patricia Falcón Álvarez

Foto: Ana Gabriela Barajas Ceballos




“Ya ni me acuerdo… no me acuerdo de lo que hice en la tarde…ya estoy muy vieja… ya tengo muchos años…perdí por completo la memoria…” comentó Elvira Arreola Centeno al comienzo de la plática que se sostuvo con ella en su casa, ubicada en la comunidad de Ignacio Allende. Un poco tímida al principio, pero fue cuestión de minutos para que tomará confianza y la conversación fue más amena.

Elvira Arreola es una viejecita que está por alcanzar el siglo de vida, actualmente cuenta con 97 años, años que han estado llenos de logros, caídas, buenos y malos ratos; pero toda una vida llena de vivencias, que hasta el día de hoy son el tema de conversación en su familia. Originaria de Tepames, Colima “yo nací en Tepames en 1912… el mes de enero… en que día exactamente no sé, sólo sé que fue ese año.”

Perteneciente a una familia grande, Elvira no conoció a su padre pues éste murió cuando ella era muy pequeña. Se crió bajo la enseñanza de su madre Librada Centeno y de su padrastro, de quién no mencionó nombre. Vivió una infancia tranquila, de la cual relata una anécdota, “Iba un día yo, montada en un caballo, persiguiendo a una res y de tan rápido que iba no me fijé y choqué con una rama, me golpeé en la cabeza y caí del caballo… No sangré y desde ese día hasta hoy sufro de dolores de cabeza… yo digo que es por eso…porque ni siquiera me atendió un doctor…”

Comenta que no le gustaba salir a pasear, ni a las fiestas; sólo asistía a misa y de ahí se regresaba a su casa. A pesar de que fue en su juventud una muchacha tranquila, cuando se le cuestionó acerca de sus noviazgos, una gran sonrisa se dibujó en su rostro y agregó, “Fueron poquitos, seis o siete… uno se llamaba Jesús Parra, otro Feliciano Valdovinos, otro Salvador Valdovinos… éstos últimos eran parientes y mi esposo se llamaba Fermín Valdovinos… seguramente me gustaban mucho los Valdovinos”. Cabe señalar que Doña Elvira se casó a los 19 años de edad, tuvo 9 hijos, de los cuales sólo viven ocho “Tuve nueve hijos, la primera se llama María Isabel y de ahí le siguen Rodrigo, Manuel, Simona, Zoila, Juan, Jesús, Vidal y por último Glenda… Hace unos meses falleció mi hija la más grande”.

Vivió alrededor de 48 años en Tepames, y de ahí emigró junto con su esposo Fermín a Estados Unidos, específicamente a los Ángeles California; para vivir ahí por más de cuarenta años. Regresó al estado de Colima, después de que murió su pareja de toda la vida y actualmente reside en Ignacio Allende en la casa de una de sus hijas, Zoila.
Algo que siempre le ha molestado y no soporta es: la música, dice que le provoca dolores de cabeza, a tal grado que el día de su boda, no disfrutó de la fiesta, “En la fiesta me puse muy mal…me dolía la cabeza por la música…me aguanté un rato pero luego me encerré, me metí a un cuarto porque no soportaba el dolor de cabeza…”

Después haber vivido ya 96 años y de contar con un amplio mundo de conocimientos, anécdotas y consejos por platicar, aún es capaz de hablar con lucidez y sostenerse por sí sola, “Ahora ando sobre seis patas, las dos mías y las cuatro de mi bordón”, comenta con un tono se picares a la espera de una sonrisa por el comentario.

Es una persona llena de alegría y buen humor a pesar de su edad. Hoy su rutina diaria es: levantarse a las ocho de la mañana y durante el día comer, caminar un poco y la mayor parte del tiempo está sentada a la puerta de su hogar, contemplando el paisaje y haciéndose acompañar de los ruidos propios del campo; meditar a solas y tal vez recordar a diario, lo que ha sido su vida.

Entrevista publicada en el Suplemento Andante dentro del perioódico el Comentario de la Universidad de Colima

martes, 23 de febrero de 2010

El Ánima de Sayula y las talegas de oro

Por: Nalleli Patricia Falcón Álvarez

¿Qué es una leyenda? Según el diccionario Larousse es una composición poética de alguna extensión de relato más o menos maravilloso. Otras bibliografías señalan que la leyenda proviene de la palabra del latín medieval legenda que significa lo que ha de ser leído. Se da de una mezcla de hechos reales y de ficción, aunque se parte de situaciones históricamente verídicas. Su finalidad, la mayoría de las veces es dar confianza a un pueblo en sí mismo en momentos en que se necesita ardor y seguridad para enfrentarse a una situación nueva y peligrosa. La leyenda retrata en general a un héroe humano.

En todo el mundo existen infinidad de leyendas que distinguen a diferentes países, ciudades, pueblos e incluso personas, éstas se van transmitiendo por medio de la tradición oral de cada lugar y cobran importancia según el suceso que relaten y de cómo se relaten.
La leyenda del Ánima de Sayula es un claro ejemplo de lo que se dijo líneas atrás, ya que a más de un siglo de haber sido escrita, sigue vigente y se ha convertido en una gran referencia del lugar.
¿Quién la escribió? ¿De qué se trata? ¿Cuándo se escribió? ¿Por qué se escribió? Según información encontrada en el libro La Provincia de Ávalos del periodista e historiador sayulense Federico Munguía, el autor de los versos del Ánima de Sayula fue un abogado llamado Teofilo Pedroza nacido en Tingüindin Michoacán el quince de julio de 1871 y fallecido en Zamora a la edad de setenta y cuatro años. Se relata que fue hijo de un modesto jornalero, que tuvo una niñez triste y miserable, pero eso sí era muy inteligente; logró titularse como abogado. Trabajó en puestos del gobierno en diferentes ciudades de Jalisco y Michoacán; estuvo en Zapotlán, hoy ciudad Guzmán, en Tamazula y posteriormente se traslado a Sayula, donde comenzó ha escribir los versos de la ahora famosa Ánima y que terminó en Zamora. En donde por necesidad de dinero y con la ayuda de un amigo, dueño de una imprenta, reprodujo la obra en un pequeño cuadernillo y un domingo se puso afuera de la Catedral y la vendieron a 20 centavos; vendiéndo millares de estos ejemplares, hasta que un día éste llego a manos del Obispo, quien primero felicitó a Teofilo por lo escrito pero después le recriminó que no usara su talento para escribir algo que sirviera a Dios y no al Diablo.

Los versos del Ánima se componen de 56 cuartetos en su versión original, posteriormente se le agregaron tres más por algún sayulense de quién se desconoce su identidad y que constituyen la moraleja. Federico Munguía en su libro La Provincia de Ávalos, señala que los versos fueron compuestos alrededor de 1895 y que comenzaron a circular en Sayula hasta 1924, cuando llegó al lugar el 38° Regimiento de Caballería, en el que existían elementos que habían estado en Zamora y trajeron con ellos algunos cuadernillos que contenían los versos. Aquellas generaciones de sayulenses se encontraban indignados y no admitían la historia, ocasionando con esto riñas e incluso la muerte de alguna que otra persona.
Los versos hablan de las necesidades y mala suerte de un tal Apolonio Aguilar, trapero de profesión, que al escuchar hablar de un alma en pena, que cada noche hace acto de presencia a las puertas del panteón, en busca de un buen samaritano que le haga un favor a cambio de las bolsas de dinero que carga; Apolonio sale dispuesto a enfrentar a dicha alma, sin pensar en la sorpresa que le espera, y obtener las talegas que lleva consigo y atesoraba celosamente esta alma en pena de nombre Perico Zurres, para así dejar atrás la pobreza y la miseria que distingue su vida y la de su familia.

Munguía afirma en su libro que la historia de Apolonio es verdadera, ya que Apolonio sí existió, los sayulenses vaciladores le urdieron e hicieron una broma – aprovechando la mala situación económica por la que atravesaba Apolonio- y su compadre José fue quien lo indujo a ir al panteón en busca de plata y él mismo la hizo de ánima y luego huyo cuando Apolonio echó mano de su cuchillo. Los de la broma no pensaron que un tal Teofilo Pedroza anduviera por el lugar y que se interesara por el acontecimiento que muchas veces narraron en su presencia.
Hoy en día el Ánima de Sayula se ha convertido en una referencia del lugar, sino que en la principal, los propios sayulenses elaboran ediciones de los versos, y son vendidos como souvenir para los que visitan el pueblo; de igual manera se realizan diferentes representaciones del Ánima, en las que se aplica la imaginación y la picardía de los habitantes del lugar.
Hace ya varios meses se comenzó con un proyecto en el que se pretendía levantar un monumento con la figura del Ánima y Apolonio Aguilar en la entrada de la ciudad, como un símbolo de la cultura sayulense, y al igual que cuando llegaron por primera vez los versos a esta ciudad, las inconformidades, indignaciones y manifestaciones de desagrado no se hicieron esperar. La opinión estaba dividida, algunos estaban de acuerdo, otros no y unos cuantos decían no importarles ya que el hecho no les afectaba en nada. Los que estaban en desacuerdo argumentaban que el poner el monumento significaba aceptar que los sayulenses eran como el ánima, con preferencias sexuales diferentes, y que esto perjudicaba la imagen de los oriundos de Sayula. Después de varios meses de controversia el monumento fue levantado, al principio era vigilado por algunos elementos de la policía municipal, ya que se temía que los inconformes hicieran algo para dañar dicho monumento. Pero hoy en día se puede observar sobre una de las principales avenidas del lugar, para ser exactos, en la calzada del ejército, a un lado de la unidad deportiva Gustavo Díaz Ordaz.
Ejemplo de que se ha aceptado como algo representativo de Sayula, es que hace unas semanas se llevo a cabo una exposición de esculturas, pinturas hechas con diferentes técnicas y cuadros que presentan cada una de las etapas en las que se narra la historia de Apolonio y de Perico Zurres. Dicha exposición fue levantada en la casa de la cultura por Martín Pérez, habitante del lugar.

Artículo publicado en el Suplemento Andante dentro del periódico el Comentario en el 2008